Yo no soy Charlie.

Por Sebastián Lanz

Han pasado ya más de quince años desde que Eduardo Galeano escribió “Patas Arriba la Escuela del Mundo al Revés”, una triste radiografía del mundo contemporáneo escrita a modo de sátira; es de esas cosas que lo ponen a dudar a uno entre reír y llorar.

Una de las cosas que más me llama la atención de este libro es la manera como Galeano pinta a la industria de la comunicación: -“Ya no es necesario que los fines justifiquen los medios. Ahora los medios, los medios masivos de comunicación, justifican los fines de un sistema de poder que impone sus valores en escala planetaria”, narra un aparte de su libro. Elegí esa cita de Galeano para este artículo porque describe perfectamente toda la parafernalia que se desató después de los atentados del 7 de enero del 2015 en París, contra el semanario Charlie Hebdo, que es el tema del que quiero hablar.

Al poco tiempo de los ataques de Charlie Hebdo, los medios masivos de comunicación, y por medios masivos de comunicación me refiero a Facebook y a Twitter, se inundaron de indignación y sus usuarios no tardaron en cambiar su foto de perfil por una imagen con el lema “Je Suis Charlie”,-Yo Soy Charlie- producida por el mismo diario como forma de protesta contra los ataques del 7. Las personas que usan estas redes de socialización sabrán de qué hablo. Debo confesar que yo mismo casi caigo en la ola del Je Suis Charlie, pero no tenía tan claro qué era el tal Charlie Hebdo, así que decidí investigar un poco sobre el diario. Y entonces me encontré en internet varias portadas en las que el semanario satiriza algunas de las religiones. La segunda portada que se muestra en este enlace http://tinyurl.com/qcbb3l2, en la que sale un miembro de ISIS decapitando a Mahoma, me hizo cambiar de parecer. No porque ame a Mahoma ni porque sea de los que cree que las religiones son intocables, porque algo sí es cierto es que todas ellas tienen ingredientes que merecen ser reevaluados y cuestionados, empezando por la católica; tampoco porque crea que la fe sea sagrada: es sagrada para los que la profesan, que son quiénes saben qué es la fe, así como también lo qué es sagrado y lo qué no. Lo que me indignó fue que la imagen siembra una idea errónea de la realidad. Por un lado, pinta al musulmán como un terrorista decapitador, reproduciendo así el estereotipo, ya gastado, que nos incita a imaginar al practicante musulmán como un potencial militante islamista que va cortando cabezas por el mundo sin dársele nada y, por otro, que envía un mensaje amenazante a las personas musulmanas: les pone a su profeta arrodillado, a punto de ser decapitado, acompañado de un texto que dice “Soy el profeta, estúpido” El otro le responde “cierra la boca, infiel”. Más que una caricatura sugestiva, un tiroteo que dejó varios muertos y todo un debate en torno a la libertad de expresión, este tema involucra otras esferas más complejas de las que nadie ha querido hablar.

Hace unos años, Francia estaba dedicando todo su aparataje político a la producción de una ley que restringiera el uso de la burka en las calles, y lo logró, censurando así la expresión identitario-religiosa de algunas mujeres musulmanas y, hoy por hoy, pide a gritos que se respete la libertad de expresión de un diario. Eso no me suena muy acorde a los tres principios de libertad, igualdad y fraternidad. ¿O a ustedes sí? Al contrario, se me parece más un claro reflejo de lo que dice Galeano: valores imperantes en escala planetaria, justificados por medio de aparatos institucionales poderosos, que dictan que la sátira franco-burguesa debe tener libertad de expresión, pero que censuran el uso de una prenda para algunas mujeres musulmanas. Y no es que a mi me encante el uso de la burka; por el contrario, pienso que es una práctica socio-cultural que debe ser sometida a revisión por parte de los practicantes ortodoxos del Islam, a quienes les va cogiendo la noche con la tarea de buscar reconocimiento y participación de las mujeres en materia social y política.

Hipocresía en bandeja de plata es lo que venden los franceses indignados ante los medios: se hacen llamar un país multicultural pero, tanto la ley dirigida únicamente a prohibir una práctica cultural, como la sátira malintencionada y estigmatizadora de un grupo específico, me llevan a pensar que detrás de ese velo, lo que hay es racismo y xenofobia puros, tan reprochables como los tiroteos del 7 o como las decapitaciones de ISIS.

No quise ser Charlie y no cambié mi foto. No quise apoyar esa ola polarizada porque pienso que las caricaturas de ese diario hacen parte de todo un gran aparataje ideológico que lo que busca es atacar una identidad cultural que cuenta con muy baja representación política en ese país. A la larga, Charlie Hebdo no se diferencia tanto de sus atacantes; el primero logró, a través de la representación gráfica de una interpretación única y específica del Islam, sembrar odio y repudio hacia todas las personas musulmanas. Los segundos cometen asesinatos en nombre de un dios. Ambos supieron utilizar la religión como vehículo de guerra.

Más de quince años han pasado ya desde que Galeano escribió esas palabras, y el mundo sigue caminando, sobre las manos, con la sangre en la cabeza y patas arriba. Desorientado. Al revés.