¿Y si la muerte me llegara hoy?

Pero la muerta llega, el ciclo es ese: nacer, crecer, reproducirse y morir. La muerte para Clemencia ha llegado. Tiene apenas 74 años y siente la muerte cerca: una preocupación ¿Qué será de sus hijos?

Por Julián Salamanca Cortés

Ramón y Jaime son dos personas con autismo. La loca es su madre. Son dos personas con autismo, fueron declarados interdictos desde que cumplieron la mayoría de edad, es decir un juez dijo por medio de una sentencia que no tenían capacidad para ser: apenas si podían respirar . Así los crió su mama, como dos bebés. Tienen 32 años y todavía son Ramoncito y Jaimito y no por el diminutivo sino porque apenas pueden hacer lo que un niño podría hacer: jugar con carros; jugar con la plata, con ansias de ser grande; querer montar en un bus como signo de grandeza. Esto es lo que los activistas llamarían infantilización de las personas con discapacidad, nunca crecen, siempre son considerados niños, no tienen derecho a sentir el deseo sexual , no tienen derecho a querer ser madres o padres , todo es producto de una violación , de un abuso sexual no consentido. ¡Hasta el código penal! No tienen derecho a crecer.

Su locura no los deja pensar, no los deja sentir, no los deja actuar, no los deja vivir, no los deja ser. Es su mamá y una crianza basada en los prejuicios y estigmas que rodean aquellos seres que nacen con una característica individual distinta a lo ”normal”. Por eso siempre hay que cuidarlos, protegerlos, aislarlos, para que nadie los toque ni los lastime, ni los haga sentir de este mundo. Porque son de otro. De aquel mundo “especial”, el mundo de los locos.

Acudió a mí, la escuché, abrí mis oídos como pueden abrir los ojos al amanecer, como muestra de estar vivo, aunque no. ¿Qué va ser de mis hijos cuando yo muera?- preguntó ella – . Una gran tristeza, melancolía y nostalgia invadían sus ojos. No supe que decir. ¿Qué figura jurídica me inventaría? ¿A quién acudiría para solucionar esto?, ¿quién se encargaría de estos locos?

Más loco tendría que estar yo y aquel que quisiera asumir tal responsabilidad.

Pero como diría aquel poeta maldito: “y si la muerte me llegara hoy “. No hubo más que pensar. Entraría en el maleficio de tal situación como un río que teme al mar pero siempre muere en él.

¿O son ellos los locos? O ¿ahora el loco soy yo? ¿La locura tiene una cura? O ¿tal locura nunca existió? ¿O seré yo el loco que pretende escribir sobre la locura, usando a dos personas con autismo e interdictas?

La locura es algo que no podré dimensionar y no pretendo hacerlo en este escrito.

Juzgue usted señor lector si es que cuando juzga no es el loco usted ahora? .

 

Con aprecio. Con un gran aprecio,

                                  Julián Salamanca Cortes

 

Punto.