por Julian Salamanca

Al crear un vínculo de confianza con las chicas, el miedo a que recaigan en ese mundo del perico, del bazuco y del pegante me atormenta, es imposible no temerle a ese monstruo que las ínsita a volver a su pasado.

No me interesa darles voz, no me interesa visibilizarlas; ellas mismas tienen su voz, ellas mismas pueden contar su historia.

“Es muy difícil olvidar lo vivido, las experiencias, los amigos, la familia, las fiestas, todo lo que uno vive en la calle es único. La calle no es solo peligro, drogas, alcohol y sexo, en ella se tejen vínculos muy grandes, se aprende y se encuentra la verdadera gente.”

En algunos casos se les mira con desprecio, resistencia y miedo, no como seres humanos que por circunstancias difíciles, terminaron en la calle, sino como seres carentes de afecto y de calor humano que necesitan ser invisibilizadas para mantener la “estética” de una cuidad.

L_s chic_s son desterrados de su contexto cotidiano por no entrar en los cánones de lo “estético y deseado“, son vistos como las drogadictas y callejeras que tiene que ser escondidas y rehabilitadas.

Son condenadas a llevar una imagen difundida e impuesta por los medios masivos de comunicación que las desdibujan, las exageran y las generalizan .Esta imagen difundida e implantada en la sociedad crea supuestos, estereotipos e imaginarios, que lo único que producen es la exclusión y discriminación.

Me frustra que me digan “PROFE“, aún no tengo ni el cartón y no quiero que existan etiquetas que hagan diferente nuestra forma de relacionarnos. No busco ser un personaje más que pasa por la vida de estas mujeres viéndolas como un objeto de estudio e investigación, sueño que juntos podamos construir y tejer una nueva realidad.

Son las súper chicas, las guerreras, las princesas, las madres, las amigas, las que van a construir el futuro de esta sociedad…