Por Katerine Tangarife Tangarife

“Jugar con muñecas es de niñas”, “el fútbol es para los machos” ó “un hombre no llora”, son frases tradicionales de nuestra sociedad machista para encasillar el género y orientación sexual de las personas desde su infancia. Una de las herramientas utilizadas para este fin, son los juguetes, ya que a través de ellos se diferencia si es “hombre o mujer” e incluso se define cuál será su rol en la edad adulta.

El mercado ha asignado y predispuesto un género para los juguetes, pero como tal estos no lo tienen, por lo tanto, no es necesaria esta diferenciación para que un niñx juegue con un juguete determinado. Pero no sólo el mercado condiciona el género u orientación sexual, sino también los padres, quienes a través de su rol de “padre” o “madre” imponen implícitamente los patrones de comportamiento que cada quien debe asumir de acuerdo a si es “hombre o mujer”. Es así, como las niñas reciben juegos de cocina, utensilios domésticos, juegos para coser y bordar, juegos de té, el coche para las muñecas, entre otros; y los niños juegan con las imitaciones de medios de transporte, arnas de todos los estilos, sables, flechas y ejércitos completos.

Los juguetes también imponen la forma en cómo será la vida adulta de cada niñx: las mujeres serán amas de casa y madres de familia; los hombres se dedicarán a llevar dinero a su casa, son quienes conducen y toman las decisiones más importantes del hogar. Estos roles han cambiado un poco en la actualidad, porque hay hombres que cuidan de sus hijos y mujeres que trabajan, sin embargo, la discriminación salarial por el ejercicio de un rol que ha sido diseñado para su género contrario, es inminente.

Para quienes aún piensan que las muñecas son para niñas y los carritos para hombrecitos, queda decirles que este es un mito del siglo pasado. Los niñxs desde sus primeros meses y años de vida, cuando juegan experimentan diferentes situaciones y roles imaginarias. De ahí, que un niño se vista de mamá o princesa, quiera ayudar a cocinar o lavar los platos; o una niña quiera ser vaquero, vestirse de futbolista o tener el cabello corto. Cuando esto sucede significa que han sido criadxs y educadxs con una mentalidad abierta, incluyente y se les ha permitido trascender de los juegos típicos de “niñas o niños”. Además, les ayuda a su desarrollo integral y a conocer los diferentes roles que cumplen los seres humanos en una sociedad sin distinción de género.

 

Katerine Tangarife Tangarife

Estudiante Maestría en Políticas Públicas 

Universidad de Los Andes