Elogio a la normalidad

Por Gabriela Pedraza Hoyos

Normal, ¿qué es ser normal? Es curioso que una persona como yo, que constantemente desestima lo normal y le da valor a lo extraño, escoja la normalidad como tema de este texto. Parezco ser la menos indicada para describir lo que es ser normal pues desde pequeña me he considerado (y, para ser sincera, me he esforzado para ser) lo contrario a normal. De pronto desde chiquita, cuando me di cuenta que, en muchos aspectos, no encajaba en el templete de normalidad, preferí aprovechar mi diferencia e izarla como mi bandera para no sentirme mal por no pertenecer del todo. Incluso después de descubrir que más personas tienen un gusto por comer pasto (la parte blanquita), expresan ruidosamente su emoción, son partidarios de que la risa no debe tener una motivación específica y ADORAN con todo su corazón y su alma al piso pues es donde se sienten más cómodos y donde pasan más tiempo, sea por voluntad propia o por una falta del sentido de equilibrio; nunca me he sentido completamente normal. Igualmente, el tema de lo normal versus lo raro siempre me ha llamado la atención, entonces tal vez no soy la persona menos indicada para escribir sobre este tema. De cualquier forma, indicada o no, escogí el tema entonces, aquí va.

Normal, ¿qué es normal?. La acepción más generalizada de normal, la cual también se usa en la psicología, es que se trata del término por el que es conocido cualquier ser vivo que carece de diferencias significativas con su colectivo. El colectivo está tradicionalmente liderado y definido por las personas que ostentan el poder histórico, social, económico, político y cultural. Entonces normal es ser un hombre cisgénero blanco heterosexual de clase alta o una mujer cisgénero blanca heterosexual de clase alta con conductas acordes a sus respectivos estereotipos.

Una mujer trans no es normal tal como una niña que juega fútbol no es normal al igual que un niño que baila ballet no es normal. Pero la normalidad no se deriva solamente de tener una raza determinada, un género, una orientación sexual y un status socio-económico, sino también de tener características que se consideran socialmente apropiadas en las personas: ser maduro/a sin ser amargado/a, no ser indeciso/a pero tampoco ser impulsiva/o, no ser dejado/a sin ser vanidosa/o, no ser depresivo/a pero tampoco eufórico/a, comer lo suficiente para no tener una obsesión con la figura pero no demasiado para no ser tragón/a, tener la capacidad de coquetear lo suficiente para no ser rígido/a pero no demasiado para no ser desesperado/a, no presumir la inteligencia pero tampoco ser bobo/a, entre otro sinfín de requisitos de difícil (por no decir imposible) cumplimiento de los cuales depende que la sociedad nos entregue nuestra anhelada etiqueta personal de “normal”, etiqueta que, por cierto, muy pocos, por no decir ninguno, tienen en todos los ámbitos.

Normal, ¿qué es ser normal?. Normal es la solución a nuestros problemas: “si fueras normal, no te pasaría esto”, “si fueras heterosexual no te pegarían”, “si fueras cisgénero conseguirías trabajo”, “si no fueras tan depresivo, tendrías más amigos”. Normal es la carta ejecutiva para exigir derechos, derechos que no tenemos los anormales: “lo siento, el servicio de salud es sólo para ciudadanos, no para inmigrantes ilegales”, “lo siento, la educación de calidad es sólo para los ricos, no para los pobres”, “lo siento, la adopción es sólo para parejas heterosexuales, no parejas homosexuales”, “lo siento, este trabajo es sólo para personas maduras y obedientes, no para personas hiperactivas y críticas”; parece que incluso el derecho a la libre personalidad lo tienen sólo los normales pues los anormales ni podemos decidir cómo peinarnos para ir al colegio. Normal es la etiqueta que asegura respeto: “yo a esos los tolero pero de lejitos”, “a esa niña ahora le dio por ser futbolista, así nunca va a conseguir novio”, “y, ¿para qué vamos a invertir recursos en rampas si hay sólo dos personas que las usarían?”.

Normal, ¿qué es realmente ser normal?. Normal, según la Real Academia Española es aquella cosa o persona que “se halla en su estado natural”; natural, según la Real Academia Española hace referencia a ser “hecho con verdad, sin artificio, mezcla ni composición alguna”, ser “espontáneo y sin doblez en su modo de proceder”. Normal no es entonces una limitación sino una libertad, la libertad de ser quienes somos. Normal no es un camino pintado que debemos seguir sino una hoja en blanco para que dibujemos nuestra propia senda. Normal es autenticidad, individualidad, diversidad, des-homogenización. Normal es la niña que juega fútbol y el niño que baila ballet, la mujer trans y la persona en situación de discapacidad, el que a veces es vanidoso y la que tiene conductas de euforia, el latino y la sueca, las personas hiperactivas y las personas más perezosas; y sí, normales también son el hombre cisgénero blanco heterosexual y la mujer cisgénero blanca heterosexual que tienen comportamientos tradicionales. Normales somos todos simplemente por el hecho de ‘ser’ así como somos.

Entonces: Normal sí debe ser la solución a nuestros problemas: “si dejaras de esforzarte por ser alguien que no eres, serías feliz”, “el hecho de ser homosexual no le permite a nadie que te pegue”, “que seas transgénero no es una razón válida para no darte trabajo”. Normal sí debe ser la carta ejecutiva para exigir nuestros derechos: “eres un excelente bailarín de ballet, te mereces una beca por tu talento”, “la salud es para todos”, “la posibilidad de adoptar no depende de tu orientación sexual”. Normal sí debe ser la etiqueta que asegura respeto: “te respeto porque eres un ser humano, nada más es relevante”.

Normal es ser quienes somos, sin modificaciones, sin máscaras, sin vergüenza. Y nuestra normalidad no puede ser la razón por la que nos discriminen.

Gabriela Pedraza Hoyos.