Por Ángela Saldaña

Fotografía: Andrés Mauricio Beltrán

Cuando vivimos en una sociedad como la nuestra, donde la mayoría de las personas creen tener la razón adoptando y creando modelos para hacer del mundo un lugar “mejor”… modelos que pretenden encerrarnos, supuestamente guiarnos para la verdadera transformación social encargándose de decir que está bien y que está mal. Simplemente a veces caemos y nos dejamos llevar, nos enjaulamos, nos limitamos, nos atamos a las cadenas que no nos permiten ser como realmente queremos.

Creo que todas las personas pasamos por un proceso de cambio cada vez que decidimos algo. Yo lo viví y no necesariamente tuve que parar mis actividades cotidianas para decidir realmente lo que quería para mí. En todo lugar sin importar lo que estaba haciendo, pensaba en cómo me quería sentir y que debía hacer para ello, algunas veces triste, entusiasmada, enojada, hasta desesperada, pero un día decidí como quería mi mundo y que personas harían parte de él.

Solo tengo una invitación para las personas que han decidido leer esto: Dejar de amar las cadenas, esas que no se ven, pero que están ahí, en comentarios, en miradas, en actitudes, en comportamientos, esas cadenas que te limitan, que te hacen enojar, te entristecen, que te atan y no te dejan ser tú. Hay luchas día a día para lograr una libertad colectiva pero también me parece primordial trabajar en la libertad personal. Vive una vida donde tú seas la única o el único dueño.

Yo me siento feliz con lo que he decidido ser; aprendo todo el tiempo, hago lo que me gusta, lo que me llena el alma y sobre todo me amo y estoy segura de querer seguir aportando a la erradicación de las formas de opresión que nos encadenan, que nos encierran, para que queden en el olvido.

Cambia el cielo gris por el cielo azul, así esté lila, rosa, amarillo, verde o rojo. Tómate el tiempo necesario para ello, medítalo… piénsalo, cuando camines, cuando te mires al espejo… No lo pierdas de vista… Porque el costo de decidir ser quien quieres, es ser FELIZ.